Haroldo Augusto Filho

¿Qué separa una negociación empresarial estructurada de una negociación bien intencionada?

Diego Velázquez
Diego Velázquez 8 Min Read
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Haroldo Augusto Filho

Haroldo Augusto Filho, ejecutivo de Fource Consultoria con experiencia en negociación empresarial y gestión de conflictos, parte de una distinción que parece sencilla, pero que tiene consecuencias profundas: una negociación estructurada no es una negociación bien llevada mediante la improvisación. Es un proceso con etapas definidas, información previamente mapeada y decisiones tomadas antes de que comience la conversación. Dos empresas pueden llegar a la mesa con el mismo objetivo y obtener resultados completamente distintos, no por diferencias de poder o de producto, sino por diferencias en su nivel de preparación.

Una gran parte de los acuerdos que fracasan o que generan disputas posteriores no falla durante la negociación. Falla en la etapa previa. Las partes llegan sin tener claridad sobre lo que realmente necesitan, lo que pueden conceder y cuál es el límite a partir del cual el acuerdo deja de tener sentido. Cuando esos aspectos no están definidos internamente, cualquier presión de la otra parte tiene el poder de desplazar la posición original, y el resultado final refleja esa fragilidad.

¿Qué significa estructurar una negociación antes de sentarse a la mesa?

Estructurar una negociación es, ante todo, un ejercicio de mapeo. Implica identificar con precisión cuáles son los intereses reales de la propia parte, algo distinto de las posiciones declaradas. Una posición es lo que se solicita. Un interés es la razón por la que se solicita. Esta distinción constituye el punto de partida de cualquier proceso de negociación que aspire a alcanzar acuerdos duraderos. Confundir posición con interés conduce a bloqueos innecesarios y a concesiones que nunca debieron realizarse.

Otro componente crítico de esta etapa preparatoria es el análisis de la BATNA, sigla en inglés de Best Alternative to a Negotiated Agreement (mejor alternativa a un acuerdo negociado). Conocer cuál es la alternativa disponible si la negociación no prospera es lo que aporta estabilidad a la posición del negociador. Sin esa claridad, la tendencia es aceptar condiciones inferiores a lo razonable únicamente para evitar el vacío de no cerrar ningún acuerdo. Con ella, es posible negociar con mayor firmeza, porque el costo de no llegar a un acuerdo ya ha sido evaluado.

¿Cómo afecta la información asimétrica al resultado de los acuerdos corporativos?

La información asimétrica se produce cuando una de las partes posee datos relevantes que la otra no tiene, ya sea sobre el valor real del objeto negociado, sobre sus propias limitaciones o sobre el contexto del acuerdo. Esta asimetría, cuando se gestiona adecuadamente, constituye una ventaja estratégica. Cuando se ignora, se convierte en una vulnerabilidad.

Según Haroldo Augusto Filho, el problema no radica en la existencia de información asimétrica, ya que es inevitable en cualquier negociación real. El problema está en no reconocerla. Quien negocia sin identificar qué sabe la otra parte y qué probablemente desconoce opera con una visión parcial del escenario y tiende a subestimar o sobreestimar su propia posición. Identificar dónde se encuentran las brechas de información de cada lado forma parte del trabajo de preparación, no es una intuición que aparece durante la conversación.

Haroldo Augusto Filho
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Anclaje y apertura: ¿cómo la primera oferta moldea el acuerdo?

El anclaje es uno de los fenómenos más documentados en los procesos de toma de decisiones aplicados a la negociación. Cuando una de las partes presenta la primera oferta, establece un punto de referencia alrededor del cual tiende a desarrollarse el resto de la negociación. Aunque la otra parte rechace inicialmente esa propuesta, la cifra inicial ejerce influencia sobre las contrapropuestas posteriores. No se trata de una simple percepción, sino de un patrón observado en investigaciones sobre psicología económica y comportamiento en la toma de decisiones.

Lo que determina si el anclaje juega a favor o en contra de quien lo plantea es la calidad de la preparación que lo respalda. Un ancla excesivamente elevada y sin fundamento puede afectar la credibilidad de la parte y deteriorar el clima de la negociación. Un ancla bien calibrada, sustentada en datos y presentada con seguridad, delimita favorablemente el espacio de negociación desde el principio. Haroldo Augusto Filho identifica este momento de apertura como uno de los más críticos del proceso: es cuando la actitud, el lenguaje y la información disponible se combinan para transmitir a la otra parte el nivel de preparación de quien está sentado a la mesa.

¿Cuándo ceder forma parte de la estrategia?

Las concesiones forman parte de cualquier negociación compleja. La cuestión no es si habrá concesiones, sino cuándo, cómo y en qué orden se producirán. Ceder en el momento equivocado, o sin una contraprestación clara, transmite debilidad y abre la puerta a nuevas exigencias. Ceder de manera planificada, intercambiando elementos de menor valor para una parte por otros de mayor valor para la otra, es una técnica que depende, una vez más, de la preparación: solo puede realizar intercambios inteligentes quien previamente ha identificado qué tiene un valor diferente para cada parte.

También existe el factor del momento oportuno para realizar las concesiones. Los acuerdos que avanzan demasiado rápido, sin resistencia por parte de los involucrados, suelen generar desconfianza posteriormente. La otra parte comienza a preguntarse si realmente obtuvo el mejor resultado posible. Una negociación con un ritmo bien calibrado, donde cada movimiento implica un costo visible, produce acuerdos percibidos como más legítimos por ambas partes.

La etapa que la mayoría ignora: documentar para no reabrir el conflicto

Haroldo Augusto Filho destaca que una negociación empresarial no termina cuando las partes alcanzan un entendimiento verbal. Termina cuando ese entendimiento queda documentado de forma que no permita reinterpretaciones futuras. Los acuerdos mal documentados constituyen la principal fuente de conflictos posteriores a la negociación en los entornos corporativos. Lo que parecía claro para ambas partes durante la reunión suele recordarse de manera diferente semanas después, especialmente cuando cambian las condiciones del mercado y una de las partes tiene interés en reinterpretar lo acordado.

La documentación de un acuerdo no es una formalidad burocrática. Es la última etapa del proceso de negociación y debe recibir el mismo rigor analítico que las etapas anteriores. Registrar no solo lo que se decidió, sino también los criterios que fundamentaron cada decisión, reduce significativamente el margen para futuras disputas. Como sostiene Haroldo Augusto Filho, esta es la prueba definitiva de una negociación bien estructurada: el acuerdo resiste el paso del tiempo sin necesidad de ser renegociado porque ambas partes lo comprendieron de la misma manera desde el principio.

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